Entender la hipertensión es el primer paso para prevenirla y controlarla. Te explico de forma sencilla qué es, por qué aparece, qué tipos existen y cuándo se considera realmente hipertensión.
Carlota · Enfermera, 8+ años de experiencia clínica
La hipertensión arterial es una enfermedad crónica en la que la presión con la que la sangre circula por las arterias se mantiene de forma persistentemente elevada. En otras palabras, el corazón necesita ejercer una fuerza mayor de la recomendable para impulsar la sangre hacia todos los órganos del cuerpo.
Aunque pueda parecer un problema sin importancia porque normalmente no produce dolor ni molestias, la hipertensión es uno de los principales factores de riesgo para sufrir enfermedades cardiovasculares como el infarto de miocardio, el ictus, la insuficiencia cardiaca o el daño renal.
Es importante entender que tener una cifra alta de tensión en un momento concreto no significa necesariamente que una persona sea hipertensa. La presión arterial puede aumentar temporalmente después de hacer ejercicio, al vivir una situación de estrés, tras consumir cafeína o incluso por el nerviosismo que algunas personas sienten durante una consulta médica.
Por este motivo, el diagnóstico de hipertensión nunca debe basarse en una única medición. Es necesario comprobar que las cifras permanecen elevadas en diferentes días y mediante mediciones correctamente realizadas, ya sea en la consulta, en el domicilio o mediante una monitorización ambulatoria.
Según las guías europeas más recientes, se considera hipertensión cuando la presión arterial en consulta es igual o superior a 140/90 mmHg, confirmada en varias visitas. En las mediciones realizadas en casa, el umbral es ligeramente inferior: 135/85 mmHg.
| Categoría | Sistólica (mmHg) | Diastólica (mmHg) |
|---|---|---|
| Óptima | <120 | <80 |
| Presión elevada | 120–139 | 70–89 |
| Hipertensión grado 1 | 140–159 | 90–99 |
| Hipertensión grado 2 | ≥160 | ≥100 |
| Crisis hipertensiva | >180 | >120 |
Según la guía ESH 2023 / ESC 2024, se considera hipertensión cuando la presión arterial en consulta es ≥140/90 mmHg y estos valores se confirman en varias visitas. En las mediciones realizadas correctamente en casa, el punto de corte es de 135/85 mmHg.
Cuando te tomas la tensión aparecen dos números. Ambos son igual de importantes para valorar tu salud cardiovascular.
Por ejemplo, si tu tensiómetro marca 128/78 mmHg, el número 128 corresponde a la presión sistólica y el 78 a la presión diastólica.
Ambos valores aportan información importante y cualquiera de ellos puede estar elevado. Por eso los profesionales sanitarios siempre valoran las dos cifras de forma conjunta.
Para entender por qué la hipertensión es importante, imagina una manguera por la que circula agua. Si aumentamos continuamente la presión del agua, las paredes de la manguera soportarán un esfuerzo mucho mayor y, con el tiempo, acabarán desgastándose.
Con las arterias sucede algo parecido. Cuando la presión arterial permanece elevada durante meses o años, las paredes de los vasos sanguíneos están sometidas a una tensión constante. Poco a poco pueden perder elasticidad, hacerse más rígidas y favorecer la acumulación de grasa y colesterol en su interior.
Al mismo tiempo, el corazón necesita realizar un esfuerzo mayor para bombear la sangre contra esa presión aumentada. Ese trabajo extra puede hacer que el músculo cardíaco se engrose y, con los años, aumente el riesgo de desarrollar insuficiencia cardiaca.
Además del corazón, otros órganos también pueden verse afectados. Los riñones, el cerebro, los ojos y las arterias de todo el organismo son especialmente sensibles a una presión arterial elevada mantenida en el tiempo.
Lo más importante es que este proceso suele producirse de forma lenta y silenciosa. La mayoría de las personas no notan ningún síntoma mientras el daño va avanzando, motivo por el que la hipertensión se conoce como el «asesino silencioso».
No. Tener una cifra elevada de presión arterial en un momento concreto no significa necesariamente que una persona sea hipertensa.
La presión arterial cambia continuamente a lo largo del día. Es completamente normal que aumente al hacer ejercicio, subir escaleras, vivir una situación de estrés, tomar café o incluso al acudir a una consulta médica. Este último fenómeno recibe el nombre de hipertensión de bata blanca y ocurre porque algunas personas se ponen nerviosas durante la exploración.
Del mismo modo, también existe la llamada hipertensión enmascarada, en la que la presión arterial parece normal durante la consulta, pero se encuentra elevada cuando la persona realiza su vida cotidiana. Por este motivo, cada vez se da más importancia a las mediciones realizadas correctamente en casa.
Para diagnosticar hipertensión es necesario comprobar que las cifras permanecen elevadas en diferentes días y mediante mediciones correctamente realizadas. En muchas ocasiones, el profesional sanitario solicitará un registro domiciliario de varios días o una monitorización ambulatoria de la presión arterial durante 24 horas para confirmar el diagnóstico.
Por eso nunca debemos sacar conclusiones después de una única medición. Lo realmente importante no es un valor aislado, sino la tendencia que muestran las cifras a lo largo del tiempo.
No todas las personas desarrollan hipertensión por el mismo motivo. Conocer el tipo de hipertensión ayuda a entender por qué aparece y cuál puede ser el tratamiento más adecuado.
Es la forma más frecuente y representa aproximadamente 9 de cada 10 casos.
No existe una única causa que explique su aparición. Se desarrolla de forma progresiva debido a la combinación de distintos factores, como la predisposición genética, la edad, el exceso de peso, el consumo elevado de sal, el sedentarismo, el tabaquismo o el consumo excesivo de alcohol.
Suele aparecer lentamente a lo largo de los años y constituye la forma de hipertensión que vemos con mayor frecuencia en la práctica clínica.
Representa un porcentaje mucho menor de los casos y aparece como consecuencia de otra enfermedad o de determinados medicamentos.
Entre las causas más habituales se encuentran:
Cuando se identifica y trata la causa responsable, en muchos pacientes la presión arterial mejora de forma importante o incluso vuelve a valores normales.
La hipertensión suele evolucionar lentamente y, en la mayoría de las personas, no produce síntomas durante años. Sin embargo, mientras permanece sin diagnosticar puede ir dañando poco a poco las arterias y órganos tan importantes como el corazón, el cerebro, los riñones o la retina.
Precisamente por esa ausencia de síntomas se conoce como el "asesino silencioso". Muchas personas descubren que son hipertensas durante una revisión rutinaria o cuando ya ha aparecido alguna complicación.
La buena noticia es que detectar la hipertensión de forma precoz y mantener unas cifras adecuadas reduce de manera significativa el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares y mejora la calidad y la esperanza de vida.
Este artículo es parte de nuestra guía completa sobre hipertensión arterial. Contenido con fines informativos, no sustituye el diagnóstico médico profesional.
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